Mi obra nace desde la total contemplación. Del recuerdo y de la observación de paisajes y líneas de la naturaleza como un mapa; como una construcción que también es cultural, simbólica, soñadora e imaginaria. Me gusta trabajar por capas, descifrando el proceso natural de la obra, pasando desde el caos y la confusión para luego llegar hasta la claridad, el orden y la belleza. Busco hacer visible lo que ha sido olvidado o no se ha percibido, dándole un espacio, enfocándome en su transformación natural, destacando sus detalles y fragmentos, teniendo siempre presente las huellas que la evolución del tiempo ha dejado en la naturaleza. Es éste, el tiempo, el que se preocupa de transformar, crear y corroer poco a poco; como el agua y el viento hacen sobre las piedras.
Las piedras y sus grietas tienen un especial significado en mis obras. Ellas han sido divididas, les han surgido surcos; miles de espacios que fueron fraccionando un todo, que en un comienzo fue uno. Huellas, marcas, cosas que quedan dentro de otras, que reflejan e imitan nuestro constante aislamiento; que para mí son un registro y un refugio del espíritu. Una construcción idealista con encuentros y desencuentros, similitudes y diferencias que logran una totalidad. Así estas líneas formadas por espacios vacíos son las que estructuran el total de la obra; busco sacarlas del olvido libremente, según mi entendimiento y las sensaciones que me dan durante el tiempo que las contemplo.